30 octubre, 2018

La fiesta musical del 26 de octubre reunió a varias leyendas de este género.

Así fue la fiesta con sabor a Thrash Metal, Death Metal y un banquete con aroma clásico y brutal, de la mano de agrupaciones como Arch Enemy, Kreator, Helloween y Judas Priest, en el escenario Knot, que estuvo abarrotada de fanáticos, mientras en la tarima Maggot agrupaciones como Iron Reagan, Goatwhore o Revocation, daban la pelea para ganarse la atención de sus seguidores más fieles.

Mientras el pasto del antiguo Hipódromo de los Andes comenzaba a sentir las pesadas botas del público metalero, la intensidad sonora de bandas como Masacre, Killcrops, High Rate Extinction, Pitbull, Cuentos de los hermanos Grind y Underthreat, ambientaron lo que fue una noche de acordes desgarrados de guitarras, himnos cargados de un aire de revolución y coros ensordecedores que destilaron alegría pura.

Un poco pasadas las 5 de la tarde, la gutural voz de Alissa White- Glutz, hizo temblar el escenario Knot. La vocalista de la banda sueca Arch Enemy saludó emocionada a una audiencia que se fue multiplicando en tiempo récord.

La descarga de death metal melódico de la agrupación hizo un recorrido certero por algunos clásicos como ‘War Eternal’, ‘You Will Know my Name’, ‘My Apocalypse’, ‘No More Regrets o ‘Nemesis’, con la que cerraron su presentación.

White- Glutz demostró de nuevo su eficacia como vocalista y el don para conectar de manera muy especial con sus fanáticos. La avalancha sonora estuvo bien equilibrada, marcando un pico alto de emoción que luego fue llevada al extremo con otros viejos conocidos: el grupo alemán Kreator.

‘Phantom Antichrist’ fue el saludo de la banda liderada por Mille Petrozza, que sin misericordia subió el volumen del encuentro con una mezcla de sus viejas recetas musicales y mucho de su más reciente producción ‘Gods of Vilence’. Su receta no tuvo misterios: ‘Satan is Real’, Civilization Collapse, ‘Hordes of Chaos’ o ‘Violent Revolution, impactaron a sus seguidores.

Pero con los himnos ‘Pleasure to Kill’ y ‘Flag of Hate’, realmente se sintió el poderío musical de la banda. Kreator terminó su recital acompañado de fuegos artificiales, para dar paso a la alegría de las calabazas más queridas en el universo del heavy metal: Helloween.

“Creo que fue hace un año que tocamos en Bogotá”, preguntó el cantante Andy Deris en español a una audiencia ya enloquecida tras escuchar ‘Halloween’, ‘Dr. Stein’ o ‘Are you Metal’. Claro, muchos ya los habían visto en su gira llamada Pumpkins United, pero eso no fue impedimento para repetir con los caballeros de un fino power metal también nacido en Alemania.

Deris estuvo acompañado del anterior vocalista de Helloween: Michael Kiske, junto a Kai Hansen -uno de los miembros fundadores. Juntos hicieron un recorrido de más de tres décadas de carrera musical. Joyas como ‘Ride the Sky’, ‘Judas’, ‘The Power’ o la infaltable ‘I Want Out’ para la despedida, convirtieron el concierto de Helloween en una de las experiencias más emotivas del Knotfest Colombia.

A pesar del cansancio y el frío, el público sacó fuerzas para el plato fuerte: Judas Priest, No era para menos, pues se trataba del reencuentro con una de las leyendas del heavy metal. Cuando Rob Halford (el vocalista) apareció en el escenario la emoción no dio paso a una histeria desenfrenada, sino a un saludo alegre y un tanto ceremonioso. El dios del metal (como se le conoce a Halford en el medio musical) no se merecía menos.

Judas Priest comenzó su recital con la impactante ‘Firepower’, que hace parte de su más reciente disco homónimo. Una canción rápida sin concesiones, ideal para calentar la noche. Halford Caminaba de un lado al otro imponente.

Por momentos cerraba los ojos y movía los brazos siguiendo los riffs demoledores de guitarra de Richie Faulkner, antes de dar paso a canciones como ‘Sinner’, ‘The Ripper’, ‘Living After Midnight’, ‘Lighning Strike’, ‘Turbo Lover’, al igual que grandes himnos como ‘Breaking the Law’ o ‘Painkiller’, que fue el calmante que acabó con cualquier muestra de cansancio.

El negro predominante de la indumentaria del Knotfest Colombia contrastó con la sonrisa de miles de roqueros que corrían de un lado a otro a encontrarse con sus amigos para hablar de su experiencia, comparar otras presentaciones de las bandas y tomarse fotos con una tarima de fondo ya vacía pasada la medianoche. Un día antes del concierto todas las bandas prometieron una dosis de poder y rock a la medida del reto que implicaba el tamaño del festival y, al final, ese objetivo se cumplió  a cabalidad.

Fuente: eltiempo.com